Luka Dončić vs. Dražen Petrović: Una comparación inevitable

Si Dražen Petrović siguiese vivo, este 22 de octubre de 2017 hubiera cumplido 53 años. Tan sólo le ví jugar una vez en directo, en un derbi ante el FC Barcelona jugado un 17 de diciembre de 1988 en el que el conjunto blanco ganó pese a tener a dos de sus cuatro pivots lesionados. 

Han pasado más de 28 años de aquel partido y hoy, el Real Madrid ha vuelto a ganar pese a tener un equipo lastrado en el juego interior. No sólo eso, otro talento balcánico ha sido el centro de atención del partido. Un jugador que ha ido madurando año tras año hasta alcanzar un nivel de excelencia que, en mi opinión, ningún otro jugador ha tenido en el equipo madridista desde que el Genio de Sibenik dejó a George Karl y al club de Concha Espina colgados para marcharse a los Portland Trailblazers en 1989.

Dražen Petrović ante Andrea Gracis, en la semifinal del Open McDonald’s 1988

Ya me han dicho en Twitter que soy un exagerado al comparar al primer gran jugador europeo en la NBA con un chaval cuyo crecimiento y desarrollo ha sido cuidado al milímetro. Aquel Petrović que llegó a Madrid lo hacía con 23 años, después de haber puesto a Europa a sus pies, tanto con la Cibona de Zagreb como con la Selección Yugoslava. Un anotador indefendible, un ganador inagotable que sabía que una escala en Madrid le ayudaría a ser mejor y tener una oportunidad de entrar en la NBA.

Los que solo vieron jugar al croata en vídeos se perdieron todo lo que significaba Petrović en una cancha de baloncesto. Sus provocaciones, sus chulerías, sus inagotables demostraciones de talento en todas y cada una de sus acciones. Aquel Petrović que dejó Madrid y se marchó a Portland no fue el que perdió la vida en una autopista alemana. Esa versión mejorada tanto en lo físico como en lo técnico que se llevó la plata en Barcelona’92 hubiera tenido un sitio en la actual NBA, donde antes de dejarnos, demostró estar entre los mejores tiradores de siempre.

En el caso de Luka Dončić, el joven base esloveno está causando estragos al frente de un Real Madrid que se está poniendo en sus manos para cubrir la enorme ausencia de Sergio Llull. La lesión del ‘Aeroplano de Mahón’ en la fase de preparación del pasado Eurobasket 2017 le va a salir más cara al Real Madrid de lo que podían suponer. Todos dábamos por sentado que la prolongada ausencia del balear era casi imposible de cubrir, y más si se trataba de igualar lo hecho el año pasado. Lo que quizás no esperaba casi nadie es que la lesión de Llull acelerase de esta manera el proceso de crecimiento del base esloveno, cuyo impacto al frente del equipo de Pablo Laso es tan enorme que si el Real Madrid tenía alguna ilusión de poder retener al jugador en la capital de España las dos próximas temporadas, se puede olvidar de ello.

El Real Madrid incorporó a Facundo Campazzo y Fabien Causeur al equipo este verano con la difícil misión de darle continuidad a un estilo de juego puesto en marcha en 2012 con una plantilla que contaba con la pareja de Sergios más famosa del baloncesto mundial. Sin embargo, es Luka Doncic quien, quizás por su gran estado de forma desde ante del Eurobasket que acabó su selección, se está erigiendo en el sustituto de Llull como jugador de referencia del equipo de Pablo Laso, exponiéndose en cada partido delante de las 30 franquicias NBA que le pueden elegir como número uno del Draft del próximo verano.

Luka Dončić jugando con el Real Madrid en la Mini Copa 2012

A Doncic le hemos visto crecer desde que llegará a Madrid con 13 años. El jugador tenía un brillo especial en todas las categorías inferiores pero ¿alguien pensó alguna vez que alcanzará su actual nivel de juego?. Con 18 años y medio, el jugador de Ljubljana se ha echado al equipo madridista a la espalda y, a día de hoy, es su referente. Hay días que parece no cansarse de anotar. Otros, asiste como ningún otro lo hace en el Viejo Continente. El triple-doble, algo quimérico en la propia Euroliga (el último en lograrlo fue Nikola Vujcic quién, jugando para Maccabi Tel-Aviv, lo logró precisamente ante el Olimpija Ljubljana en 2007) parece al alcance de su mano en uno de cada dos partidos y, en un partido malo, encabeza la lista de jugadores más valorados de su equipo.

El Real Madrid, que no dio buenas sensaciones en la pasada Supercopa, ha ganado los 5 primeros partidos de la Liga Endesa y los dos de la Euroliga, con unos promedios en liga de 13 puntos, 6 rebotes y 5 asistencias en 25 minutos en pista, unos números que en la máxima competición europea son de 20.5 puntos, 5 rebotes y 3 asistencias para una valoración de 26.5 en 26 minutos. Si se hace la proyección a 36 minutos con el total de estos siete partidos oficiales, que es la que hacen los ojeadores estadounidenses, la proyección de  sus números son bestiales: 21.5 puntos, 8.5 rebotes, 6.7 asistencias para más de 30 de valoración.

Evidentemente, la comparación en el juego de los dos genios balcánicos es imposible porque, ni por su forma de jugar, ni por la manera en que se jugaba y se juega, se podría encontrar demasiado parecido. Lo que sí me parece similar es el aura que envolvía a uno y ahora envuelve al otro. Esa sensación de ser capaces de realizar cualquier cosa en la pista (algo que desde luego también tiene Llull). De no tener techo. De no saber hasta dónde pueden llegar para ganar.

Dražen Petrović será irrepetible, es evidente. Su legado, su forma de entender el baloncesto, jamás desaparecerá y ningún jugador será capaz de aguantar una comparación con el croata, que pasó de estrella a mito del deporte aquel maldito 7 de junio de 1993. Sin embargo, en un partido como el de hoy ante Unicaja, jugado en el mismo sitio, con el Real Madrid volviendo a estar en cuadro en el juego interior, he tenido sensaciones que no había vuelto a sentir en las últimas tres décadas. Por el bien del Real Madrid, espero que los ojeadores de Portland Trailblazers no las hayan tenido…

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