28 años de la retirada de Magic Johnson y el debut del Partizan de Fuenlabrada

Hace exactamente 28 años, Earving “Magic” Johnson anunciaba al mundo que era seropositivo, retirándose de forma inmediata de la práctica activa del baloncesto. 5 años más tarde, el base de Michigan intentaría volver a jugar en la NBA en un breve periodo de tiempo que no tuvo un buen final.

Aquella rueda de prensa del mejor base de la historia solapó la presentación del que muchos consideraban el mejor base salido de Nueva York, número 2 del Draft de aquel año, Kenny Anderson. Sin embargo, a miles de kilómetros de allí, la historia de aquel día comenzó varias horas antes, con el primer partido en el exilio de un joven equipo de jóvenes jugadores yugoslavos en un zona dormitorio a las afueras de Madrid. Esta es mi historia de aquel 7 de noviembre de 1991. 

El debut del Partizan de Fuenlabrada

Aleksandar Djordjevic anotó el triple ganador en la final de la Euroliga 1992

Fuenlabrada es una ciudad dormitorio al sur de Madrid, que por aquel entonces rondaba los 150000 habitantes. A diferencia de los pueblos de alrededor, allí no terminaba de despegar el equipo de fútbol lo que acabaría dando un empujón definitivo al equipo de baloncesto. 

A 5000 kilómetros de allí, en Belgrado, el equipo más representativo de la ciudad, el Partizan, se veía abocado a jugar sus partidos de clasificación para la entonces llamada Liga Europea en la pista de su rival, en Budapest. Una solución forzada por la situación bélica en los Balcanes y las sanciones que a los equipos todavía “yugoslavos” les ocasionaría.

Se acordó una solución alternativa: Fuenlabrada había estrenado un nuevo pabellón polideportivo, bautizado en homenaje al, por aquel entonces, mejor jugador español de la historia como “Fernando Martín”. No había deporte de élite en la pequeña ciudad del sur de Madrid y para ambas partes fue el principio de una gran amistad. Tanto que en su último partido en Fuenlabrada, el equipo serbio mostró una pancarta desde el centro de la pista para agradecer el apoyo del público durante su estancia en el sur de Madrid. Les habíamos hecho sentir como en casa.

Lo que casi nadie recuerda es qué pasó en aquel primer partido como locales, aquel día en que menos de 200 valientes decidimos apostar por ver a aquel equipo serbio que nos haría sentirnos campeones de Europa meses después.

En aquel primer partido del Partizan jugando contra Eric Struelens y su Maes Pils Malinas como local en el Fernando Martín, se trajó una pista homologada por la FIBA, se pusieron gradas donde habitualmente no las había para alcanzar el aforo mínimo y durante varios días, se regalaron entradas en casi todos los establecimientos públicos fuenlabreños. Cada vez que miro mi abono (al cambio, ver jugar a Den Helder, Olimpia Milán, Estudiantes, Joventut, Bayern Leverkusen y Maes Pils me costó 30 euros en total), tengo la sensación de que fui de los pocos que en un primer momento pagó por ver al que acabó siendo el mejor equipo de Europa.

Recuerdo haberme sorprendido por la visita de un grupo de 20 aficionados belgas, embutidos en banderas de la marca de cervezas que patrocinaba al equipo. Me acuerdo del partido de Eric Struelens y de otro clásico del basket europeo de los 80 y los 90, Bill Varner, aquel alero anotador que después de hacer una larga carrera en Bélgica, dió el santo a la ACB gracias a su pasaporte belga (97/98 Orense, 99/00 Valencia, 02/03 Cantabria Lobos).

Partizan ganó 87-67 en un partido que, según la estadística oficial de la FIBA, se disputo ante 1000 espectadores (¿?) en la localidad de “Fuen la Brada” (ver estadística oficial aquí), con el español Mitjana como árbitro principal. Después de aquel partido, llegarían 5 victorias más (sólo el Estu consiguió imponerse a los serbios en Fuenlabrada).

Desde aquel primer partido casi en familia al último encuentro ante Aris Salónica, con Yannakis como estrella (99-65),con el pabellón lleno hasta la bandera (2500 espectadores) y un grupo de aficionados con la cara pintada de blanquinegro, ocurrió una verdadera metamorfosis. Una hermanamiento entre una pequeña ciudad y un equipo que, desde que no ha vuelto a jugar como local en el FM de Fuenlabrada, no ha vuelto a ganar la Euroliga.

Y “Magic” nos hizo llorar

Volvía a casa después de ver el debut europeo del Partizan en Fuenlabrada. Había sido una experiencia increíble. Apenas había visto partidos en directo y ahora, me ponían la Euroliga a escasos 500 metros de casa. No me daría tiempo de digerirlo.

Esa noche, el mejor base de la historia del baloncesto anunció en rueda de prensa que era portador del virus del SIDA (HIV) y que, por ello, se retiraba de la práctica del baloncesto, de sus Lakers, de manera inmediata.

Aún estaba con los ojos como platos después de ver aquel Lakers-Joventut del Open McDonalds de Paris, aquel partido en el que Carles Ruf se transformó en Kevin McHale y en el que los árbitros no dejaron ganar a la Penya. Era pretemporada, reglas NBA, dos árbitros NBA…¿cómo íbamos a ganar?

Magic había devuelto a sus Lakers a las finales apenas 4 meses atrás. Su serie ante los Blazers fue memorable, y los angelinos partían como favoritos ante los neófitos Bulls de ese ser divino que jugaba con el número 23. Magic lo bordó con un equipo en el que Divac era aún muy joven para dominar a sus rivales, y Worthy y Scott apuraban sus últimos partidos en una final. Los Bulls se llevaron la final en 5 partidos, con exhibición de John Paxson incluida en el último y decisivo 5º partido.

Nadie hubiese previsto lo que acabaría pasando aquel 7 de noviembre. Estaba previsto que el nuevo gran jugador de la liga, el base de Georgia TechKenny Anderson, firmase de una vez por el equipo de Bill Fitch. Su rueda de prensa acabó pasando desapercibida ante la magnitud de la noticia. Magic se iba, y lo hacía por una enfermedad que, en aquel momento, se había llevado por delante a demasiada gente, muchos de ellos personajes de especial relevancia.

Magic lo dejó, una noticia terrible para los amantes del basket, pero excelente para los enfermos de la última gran plaga del siglo XX. Perdimos al jugador (su intento de vuelta en 1996 quedó en casi nada), pero la sociedad ganó a un luchador y proveedor de recursos para estudiar y combatir al VIH. Su ejemplo, 20 años después, sigue sirviendo para que la gente afectada se dé cuenta de que es posible sobrevivir, luchando día a día. Hace 20 años, nadie hubiese dado un dólar porque, 2 décadas después, Magic estuviese con nosotros, con aún más fuerza y entereza que entonces. Aquel día nos quedamos sin el Mago de Inglewood. Aquel día nació una leyenda como jugador y como ser humano.

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